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domingo, junio 28, 2009

Crítica irreverente a mí, en tanto que yo, ahora.

Irreverente es esta PAUSA que no salta. Me la imagino como el botón de un cassette ahora ya antiguo pero que en otro tiempo nos permitía escuchar perlas como Your Song o 37 grados, de un tirón.
Irreverente y larga la espera cuando esperas, como en la canción de Pau Riba, cuando esperas una muerte -simbólica o no- que no llega.
Irreverente el impasse desde el último post de este blog, tan irregular en el ritmo, desordenado en la temática, a veces obtuso, con frecuencia desaprensivo, siempre inacabado, nunca lo suficientemente balsámico para la angustia que me genera la propia ignorancia.
Irreverente es este desierto de palabras, cuando todo a mi alrededor destila interés de conocimiento. Sólo deseo y espero que en breve ese interés se defina de nuevo y me haga disfrutar como antes.
No tan irreverente esta crítica, por ser de uno.

Hasta pronto!

miércoles, julio 16, 2008

Crítica irreverente a El Manifiesto comunista de K. Marx y F. Engels

Una lectura recomendada, reveladora y crucial, aunque mejor sin dogmatismos ni preconcepciones (cosa difícil). Mucho queda en el tintero, espero que los comentarios lo mejoren y aporten nuevas reflexiones.

¡Unos fantasmas recorren Europa... los fantasmas de los comunistas !

La cosa está muy mala, hijo mío.

S. XIX. Condiciones de trabajo insalubres, largas jornadas laborales, hombres, mujeres y niños al servicio exclusivo de las fábricas. Míseros sueldos que sólo permiten subsistir para poder seguir trabajando. Mientras, la burguesía, los nuevos amos surgidos del comercio de las primeras ciudades de la Edad Media, se alían para defender sus intereses frente a la aristocracia, aún con cierto poder en Europa. La burguesía expande el comercio y aumenta sus beneficios internacionalizando los productos. Los trabajadores sólo tienen una cosa que les pertenezca: su prole. Son proletarios por encima de todo, nada mejor que eso les caracteriza. Pero ellos también comienzan a organizarse para defender lo que consideran sus derechos: básicamente, mejores condiciones de trabajo.

Con todo, hay una idea que ronda por ahí, un concepto, una casi-realidad que ha ido recorriendo los países europeos como un fantasma: el comunismo, un movimiento político/filosófico/revolucionario que va más allá de una simple mejora local de los trabajadores...

¡Hazte comunista!: la Revolución es guay

El comunismo no sólo pretende -como hacen otros- mejorar las condiciones del trabajador. Lo que busca es la eliminación de las propias clases proletaria y burguesa, que son antagónicas y se encuentran en lucha de intereses. Y en este momento histórico la única capaz de llevarlo a cabo es la clase mayoritaria y sometida: el proletariado. Porque cuanto más se engrosa el capital burgués, mejores son las condiciones sociales para que el proletariado se organize y reaccione. Sólo mediante una acción violenta se puede abolir este sistema, el capitalismo, de modo que sean los trabajadores, organizados políticamente, los que controlen los medios de producción. Esta fase de socialización (socialismo) se caracterizaría por un sometimiento de la clase burguesa. Más tarde, cuando ya se hubiera abolido cualquier antagonismo de clase, se habrá llegado al ideal comunista. (¿Una especie de estado dionisíaco, a lo Nietzsche?)

Lo que no se reflexiona aquí es si es viable la existencia de una gran masa social organizada políticamente con un objetivo común. (Si habeis estado en alguna reunión de vecinos, entendereis por dónde voy). Porque, si no es viable, ¿de qué serviría montar todo este sarao?

Tampoco se apunta si el sistema debe ser asambleario, jerarquizado, en forma de red, de estrella (roja) o a dedo (este es del que tenemos más experiencia). Marx y Engels no entran en el tema y de hecho dejan claro que cada país debe hallar su propio sistema debido a sus características particulares. Pero, ¿y después?, ¿cómo lo internacionalizamos?. Abolida la injusta ley de oferta/demanda burguesa, ¿quién decidirá cuánto vale entonces el trabajo?, ¿la cúpula del partido comunista?, ¿un dirigente puesto a dedo por la vanguardia intelectual bolchevique?

Ah! se me olvidaba: la HISTORIA -con mayúsculas y negrita- está por encima de esos detalles sin importancia y seguro que viene en nuestra ayuda.

Pero, ¿qué no es el comunismo?

Algunas acusaciones de la burguesía sobre el comunismo, ante las que el Manifiesto responde:

1. El comunismo busca la abolición de la propiedad. Sí, pero la abolición de la propiedad... burguesa. El capital no es una propiedad que pertenezca a la burguesía sino un producto social. Luego, su abolición es una redistribución de algo que nunca fue realmente propiedad de nadie.

2. El comunismo busca la abolición de la individualidad y de la libertad. Sí, pero la abolición de la libertad e individualidad... burguesas. Abolir la libertad de libre comercio a costa de la explotación del proletariado.

3. El comunismo quiere abolir a la familia. Lo que quiere es abolir la explotación de los hijos por los padres y cambiar el carácter capitalista de la educación de la clase dominante.

4. El comunismo quiere abolir a la patria. Los trabajadores no tienen patria, pues comparten iguales intereses de clase con sus vecinos. "Abolid la explotación del hombre por el hombre y abolireis la explotación de una nación por otra".

5. El comunismo quiere abolir verdades eternas: la religión, la moral, la justicia... La conciencia social de todos los períodos de la historia es similar pues comparte el fenómeno de lucha de clases, así que hay ideas que parecen eternas pero que dejarán de serlo cuando se acaben todos los antagonismos de clase.

Necesidad e Inevitabilidad del Comunismo

El carácter necesario del comunismo se va destilando sutil pero incipientemente a lo largo de El Manifiesto.

El comunismo es una consecuencia necesaria del antagonismo burguesía/proletariado. La Historia nos ha traído hasta aquí siguiendo la lógica de la lucha de clases. Pero ¡arriba los corazones, camaradas, porque hay final Made in Hollywood!: surgirá una asociación donde el libre desarrollo de cada uno será la condición para el libre desarrollo de todos. ¿No recuerda al final feliz del Espíritu -o del estado prusiano- predicho por Hegel?

La Inevitabilidad de todo este proceso resulta evidente en frases como: La burguesía produce, sobre todo, sus propios sepultureros. Su decadencia y la victoria del proletariado son igualmente inevitables. Pero, entonces, ¿nos sentamos a esperar?, ¿el destino está de nuestro lado?

Parece que aunque no militemos en el movimiento comunista, inevitablemente otros lo harán y al final el éxito estará asegurado. La Historia es como una máquina bien engrasada que pasa por encima del hombre y de sus caprichos azarosos, nos va pasando de nivel mediante revoluciones, pantalla tras pantalla hasta el Game Over. Es una pena que más de un siglo después de esta visión ni siquiera vislumbremos ese final feliz Universal. De todos modos, parece que Marx suavizó posteriormente esta visión mesiánica del comunismo, sutileza que no todos los comunistas han entendido.

Materialismo histórico... ¿lo qué?

Las ideas, los conceptos, la intelectualidad a lo largo de la Historia sólo pueden entenderse supeditados a las condiciones de vida de los que las tuvieron. La verdad es que a Platón se le fue bastante la olla con eso de que las ideas son eternas y simplemente las vamos recordando desde nuestro mundo imperfecto de apariencias. Ni mucho menos: toda la producción intelectual se transforma con la producción material. He aquí la frase que podría resumir el carácter materialista de Marx. Evidentemente, la necesidad de una descripción de lucha de clases para explicar la Historia sólo es posible si admitimos que hay algo real/físico/tangible que condiciona aquello que pensamos.

El proletario piensa como proletario (sobretodo cuando toma conciencia de que lo es, conciencia de clase) y el burgués, por vivir y relacionarse en la sociedad del modo concreto como lo hace, pensará y verá el mundo como burgués. Ambas visiones son antagónicas; ambos defenderán intereses enfrentados.

Así que la lucha tiene una raíz en lo material (las condiciones de vida) y se da a lo largo de la historia forjándola y alimentándose retroactivamente de ella (dialécticamente) a base de revoluciones. De ahí el llamado materialismo histórico (también dialéctico).

Sobre el individualismo

Pero, ¿quiere esto decir que todos los proletarios piensan de la misma manera y todos los burgueses de otra?, ¿dónde queda la individualidad?

Considero que la descripción que da el manifiesto del mundo es una visión sociológica sobre cómo se mueven grandes masas de población en función de sus relaciones económicas. La individualidad no ha desaparecido, hay que buscarla a pequeña escala.

Por eso es tan patético escuchar al típico pseudo-comunista criticar de un modo "personal" a un empresario desconocido con frases como "te está robando para hacerse un chalet en la sierra, sólo busca su beneficio"... Creo que Marx no aprobaría esa personificación de la cuestión. Es el sistema capitalista -alimentado tanto por ese jefe como por el propio trabajador que lo critica- el que está "robando" de un sitio para ponerlo en otro. Y si pudiéramos evitar el contenido moral de robar como algo necesariamente malo, mejor todavía. Puede que ese jefe sea más buena persona que Santa Teresa de Jesús, y puede que el trabajador explotado sea un ser despreciable. Aunque esto no invalida lo contrario, es sólo a gran escala donde cobra sentido la descripción comunista, sin personalismos.

Porque sino, todo este debate es análogo a las generalizaciones sexuales. tan odiadas por muchos. Imaginemos que decimos "los hombres tienen más visión espacial y las mujeres más capacidad comunicativa". Esta visión global de ambos sexos es útil para explicar ciertos parámetros históricos, evolutivos y biológicos pero siempre como masa social, en cambio, si individualizamos sistemáticamente hombre por hombre y mujer por mujer, caeremos de nuevo en contradicciones y discusiones absurdas.

Apunte final

A pesar de la ingenuidad y del mesianismo del texto, es una pena que el Manifiesto no sea de lectura obligada en las escuelas. Es un documento imprescindible para entender el sistema de partidos políticos de los estados actuales así como la situación del s. XIX. La vigencia de su análisis social debe tomarse muy en cuenta pues, aunque el lobo vista a veces piel de cordero, es exactamente el mismo lobo del que hablan Marx y Engels el que controla actualmente el poder social.

Qué cierta sigue siendo la siguiente cita del El Manifiesto: El gobierno moderno es tan sólo un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa.


domingo, junio 29, 2008

Crítica irreverente a El crepúsculo de los ídolos de F. Nietzsche

Tras leer El crepúsculo de los ídolos, a uno -que no esté muy contaminado por un estudio previo del autor, y eso es lo que yo busco- le rondan básicamente tres ideas generales sobre el tema.


Tres ideas generales

1. La historia de la filosofía está llena de malentendidos hasta que el bueno de Nietzsche entra en escena e ilumina nuestras decadentes consciencias.

2. Sócrates y Platón eran unos moralistas patéticos que traicionaron el auténtico espíritu griego basado en entregarse a los instintos, en un estado superior de orgía permanente. (Vaya, ¡ya sabíamos que ese estado era superior!)

3. La Iglesia (cristianismo y derivados) es lo peor de lo peor, mientras que la filosofía de Nietzsche es la number one y además mola mogollón.
--> Corolario del 3. Según el propio Nietzsche: Nietzsche es el primer maestro alemán de los aforismos y Así habló Zaratustra es el libro más profundo dado nunca a la Humanidad.

Paso a desarrollar los puntos anteriores:

1. La lista de malentendidos que Nietzsche no comete son: la filosofía de Sócrates, el espíritu griego antiguo, la moral de la mejora, la moral cristiana, el error del ser, la necesidad de Dios, la distinción mundo aparente/verdadero, la paz del alma, la necesidad causal, la confusión causa/consecuencia, la necesidad de finalidad, la voluntad libre, los hechos morales, la idealización, el sistema educativo alemán... y cada dos páginas uno más.
La mayoría de malentendidos lo son porque no existen, los hemos inventado a nuestra imagen y semejanza. Otros, en cambio, son malas interpretaciones de algo que nunca fue así.

2. Sócrates era muy feo, pero eso no era lo peor, además utilizó su dialéctica para aplacar la anarquía que imperaba entre los griegos en un estado tiranizado por los instintos. Y su contratirana es, justamente, la Razón. Este ídolo griego -junto con Platón- es algo así como un precristiano en lo moral pues comienza a alejarse del estado dionisíaco de los antiguos para ensalzar la razón, la dialéctica y de rebote, los conceptos morales, que confluirán con la moral cristiana. Esa idea de que Razón=Virtud=Felicidad es falaz. La moral (la que permita esa Virtud) es la moral de los débiles, de los que ya no tienen otro recurso para defenderse. Por ello, la imposición general de esa moral es el comienzo de la decadencia.
No es que el Virtuoso encuentre la Felicidad, más bien al contrario: el Feliz suele actuar de un modo en apariencia Virtuoso pues no necesita actuar de otro modo. Este sería un ejemplo de otro de los malentendidos históricos: el de confundir las causas con las consecuencias.

3. La Iglesia, el cristianismo y derivados, la institucionalización de la moral, el altruismo, Dios... todo se alza en un paisaje de decadencia donde el hombre ha sido domesticado y pasó a ser engañosamente libre. Esa libertad es una trampa pues nos hace responsable de los actos según una moral dominante, de modo que somos susceptibles de ser culpables de ellos. El cristianismo es una metafísica del verdugo.
La Iglesia es lo contrario de la auténtica vida y su moral es castradora de los instintos y del cuerpo. En otro aforismo hipermegaguay: La vida termina allí donde empieza el Reino de Dios.
¡Por supuesto! ¡Por fin alguien que habla claro! Después de San Anselmo y de Kant, encontramos a quien no tiene pelos en la lengua y no se deja engañar.

Reflexiones a propósito de...

Su discurso es en algunos momentos increíblemente actual. Ahora, liberados en parte de la Iglesia de otros tiempos -aunque no totalmente- somos esclavos de una moral sutil, de lo que es políticamente correcto según la moda de turno y donde el que se sale del guión es señalado por los moralistas institucionales; como decía Serrat en aquella célebre canción: por los macarras de la moral. Vivimos en la Hipocresía y el Autoengaño permanentes.

Este es nuestro estado de decadencia absoluta. Condenamos y legislamos la más mínima acción a golpe de titular. Tachamos de terroristas, de violentos, de delincuentes y de piratas a cualquiera que se salga de lo establecido, a cualquiera que perjudique al stablishment mientras guardamos nuestro mísero dinero en bancos que invierten en empresas de armamento que alimentan las guerras que tanto rechazamos. Con una mano alimentamos a los perros de la moral para que nos muerdan la otra cuando sea conveniente. Y durante el proceso encendemos la televisión y asistimos a maratones altruistas de campañas que lavan la consciencia que no tenemos. ¿Y que nunca nadie tuvo?

Porque, ¿existe o existió realmente esa consciencia moral -pseudocristiana, en nuestro caso-?, ¿o es, como dice Nietzsche, un malentendido más, una ilusión sólo útil para los débiles, un estado de decadencia de quien se ha alejado de los instintos y la voluntad de poder, del espíritu dionisíaco?. ¿Nos creemos realmente eso de la democracia, la igualdad social y el bienestar de la mayoría como final feliz o somos tan ciegos, estúpidos o hipócritas que preferimos vivir en ese estado de engaño dialéctico iniciado -quizá- por Sócrates?
Sin duda, aunque individualmente puedan apuntarse cientos de argumentos a favor o en contra, como rebaño parece que, efectivamente, el envolvernos de moral es un acto flagrante de decadencia...

En resumen, leer a Nietzsche es un soplo de aire fresco, a pesar de su egocentrismo, a pesar de su inquietante discurso, a pesar de todo, a pesar de que...

¡estaba como una puta cabra!

jueves, abril 17, 2008

Crítica irreverente al Proslogion de San Anselmo

Top 10 del Márqueting escolástico

Se trata de un librito con 26 pensamientos filosóficos escritos por este benedictino del s.XI.
Todas sus reflexiones intentan convencernos (y convencerse él mismo) de que usando la lógica podemos demostrar la existencia de Dios y explicar las aparentes contradicciones que ello supone.

La idea más importante es el llamado Argumento Ontológico de la existencia de Dios, que aparece ya en la IIª reflexión:

Primero, define a Dios como "aquello más grande de lo cual nada puede pensarse".
Luego, por reducción al absurdo, pasa a demostrar su existencia de este modo:
Supongamos que Dios no existiera realmente y que tan sólo fuera una idea del pensamiento.
Si no existiera, podríamos pensar algo mayor que Dios: algo igual de grande y que además exista. Luego, sería más grande porque existiría.
Pero eso entra en contradicción con nuestra definición de Dios, que era ya lo mayor que podía pensarse. Luego Dios debe existir.

Sigue San Anselmo reflexionando sobre temas tan polémicos como ¿Por qué Dios es a veces misericordioso y otras veces impasible?,¿Por qué a veces Dios castiga a los malos y otras veces los perdona?. En definitiva, ¿Por qué Dios obra de formas opuestas ante una misma cosa?
Para entenderlo, hay que buscar las causas en un lugar o en otro -dependiendo de si castiga o perdona-. Si castiga es que lo ha hecho por los méritos de los malos. Si perdona, lo hace movido por su propia bondad divina. Así que todo se explica a posteriori, haciendo cuadrar las causas con los efectos sólo una vez conocidos los efectos. Por lo que no podemos predecir nada. Como dice San Anselmo, al fin y al cabo, todo lo que veo lo veo por tu luz pero no puedo verte completo.

Sobre el argumento ontológico

El argumento ontológico parece algo confuso al principio, pero provad a cambiar el término grande por perfecto, que sería el sentido implícito que aquí se está dando a Dios. Así, para San Anselmo la existencia de algo es una propiedad que mejora su perfección. Este truco es el que sostiene la lógica del argumento y evidentemente es gratuito. Vaya, que se lo saca de la manga. Esta mezcla de lógica y fe es alucinante e incluso atractiva y debo admitir que apunto estuve tras su lectura de volverme un aférrimo defensor de aquello más grande de lo cual nada puede pensarse (y que, por tanto, debe existir).
Me han impactado mucho las reflexiones del librito, por sus elegantes trucos de prestidigitador. La hermosa poesía que emana de sus palabras recuerda a algunos de los mejores versos religiosos de Lope de Vega o Santa Teresa, que seguramente leyeron a San Anselmo. Sin duda, también impactó a los pensadores de la época y sirvió de alimento moral y filosófico a los descreídos y dubitativos.
Es increíble cómo San Anselmo (anuque aun no era santo) se rompió los sesos intentando casar la fe con la razón vistiéndolo todo de una gran magia espiritual. En estos tiempos en los que, a veces, se critica a la ciencia por inmiscuirse en asuntos tradicionalmente metafísicos como el tiempo o el origen del Universo, no vendría mal recordar cómo la Iglesia ha ido maquillando su propia fe de pura lógica.

¿Principio Holográfico en San Anselmo?

En la reflexión XVIIIª encontramos: La vida, la sabiduría y demás cosas no son partes tuyas, sino que todas son una, y una cualquiera de ellas es todo lo que Tú eres y lo que son todas las restantes.
¿No es esto exactamente la propiedad que define a una imagen holográfica? El paradigma holográfico -tan de moda- aplicado al Universo entero y al estudio de la conciencia debería revisar el texto de San Anselmo. Efectivamente, la única forma de estar entero en cada una de las partes y ser además la suma de ellas es mantener una naturaleza holográfica.

Dios como fotón

En la reflexión XXIIª encontramos la diferenciación del tiempo eterno divino y el tiempo vulgar de los hombres:
Tú eres quien propia y simplemente eres, porque ni tienes pasado ni futuro sino sólo presente, y no puedes ser pensado en ningún momento como no existiendo.
No podemos concebir la No-existencia del fotón, ya que, en tanto que energía pura, no desaparece. En el Sistema en reposo del fotón (lo cual es en sí mismo un caso límite de la Relatividad igual que Dios es un caso límite de la lógica) no hay pasado ni futuro, ya que su tiempo propio es nulo. Entre dos sucesos cualesquiera no hay tiempo. Sólo habita su propio presente eternamente para nosotros. ¿Dios = hν?

Nada que ver con el Tao

Esta búsqueda incesante de Dios -a veces súplica desesperada- se opone frontalmente a la filosofía Taoísta, en la que el Tao -también holográfico, eterno, etc...- es aquello hacia lo cual te acercas si no lo buscas y hacia lo cual no debe nada forzarse a ser, pues el forzar te aleja del fluir universal. Mientras los taoístas renegaban de cualquier filosofía para actuar conforme a su filosofía -paradójico-, es chocante ver los enormes esfuerzos que hacían los escolásticos en el otro lado del mundo por sentir a Dios, por entenderlo y por no alejarse del camino recto. ¿No encierra esto una cierta actitud de sumisión morbosa?

lunes, abril 14, 2008

Crítica irreverente a la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de I. Kant

Creced y multiplicaos, categóricamente hablando...

Mi intención no es hacer una crítica profunda sobre el texto de Kant, más bien se trata de plasmar la impresión inmediata de alguien que no es experto en filosofía y que intenta leer el texto como quien lee una novela cualquiera una tarde de domingo, sin pretensiones de llegar a entenderlo pero también con la valentía que da la ingenuidad, la ignorancia y el simple sentido común.

El texto va encaminado a convencernos de que debe existir un mandato interno en todos nosotros, a modo de ley moral, más allá de la cultura, los intereses concretos de cada uno o la situación personal, que nos llevaría a actuar de un modo bueno. "Bueno" aquí significa conforme al mandato moral, que él denomina Imperativo Categórico.

Toda su demostración filosófica se basa en lo siguiente:
El hombre tiene dos naturalezas: el hombre en tanto que miembro del mundo sensible, con sus intereses, sus apetitos, deseos, habilidades, etc… y el hombre en tanto que miembro del mundo inteligible, el de la Razón.
Para Kant, la Razón es un fin en sí misma, y por ello, debe ser libre, ya que no está supeditada a nada. Esa libertad es la que le da el Imperativo Categórico. La libertad es una propiedad de la voluntad, que es un atributo de los seres racionales. Así, cumplir el deber del imperativo no es una obligación, es más bien el ejercicio de la libertad propia de la Razón. Sólo actuando moralmente, siguiendo el Imperativo Categórico, somos realmente libres.
¿Y cuál es el Imperativo Categórico? Realmente sólo puede darse su forma, no su contenido, puesto que no puede tener ninguna finalidad concreta.

Su forma es: “Actúa según máximas que puedan tenerse como leyes Universales”
Dicho de otro modo, en lenguaje de la calle: “No desees para tu vecino lo que no quieras para ti”.
Mi abuela, que nunca leyó a Kant, siempre utilizaba ese dicho. He aquí una prueba de la enorme influencia que debió tener la obra del ilustre filósofo. Aunque, tal vez, fue al revés. ¿Qué fue antes?, ¿el dicho popular o el texto de Kant?

1ª Impresión

Kant era un genio de la lógica.

2ª Impresión

Sus razonamientos son impecables, salvo por el error de partir de una premisa falsa. Kant concibe la Razón como algo que habita fuera del mundo sensible, cuando todo el mundo sabe que aquello que llamamos Razón no es más que un conjunto de sensaciones (entre ellas, la ilusión del propio yo) que han sido el resultado de un proceso evolutivo de millones de años. La Razón es pues, un producto sensible, al igual que los pulgares oponibles, el menisco o la vesícula biliar. Resultó una buena cosa en algún momento de nuestro pasado genético y ahí se ha quedado, un montón de células especializadas cuya percepción y uso llamamos Razón.
Si todo es parte de un producto sensible o, mejor dicho, sólo hay un mundo, (no dos, como decía Platón) ya no tiene sentido el razonamiento de Kant y la Razón ya no es un fin en sí misma:

La Razón no es un fin en sí misma LUEGO No es libre LUEGO No requerimos de ningún Imperativo Categórico que dé sentido a la libertad de la Razón

Todo se va al garete!

3ª Impresión

Y sin embargo…este Kant quizá no iba muy mal encaminado.
Incluso desde una perspectiva evolucionista podríamos admitir que existe una especie de Mandato programado en los genes: “creced y multiplicaos”, o “el acervo genético debe perdurar” o “Show must go on”, como diría el también filósofo Freddie Mercury. Así, ese mandato que buscaba Kant, parece haberlo encontrado la Biología, pero ya no habita en la Razón individual ni pertenece a un mundo platónico de lo inteligible: ahora se encuentra en forma de estructura matemática en los cromosomas que habitan cada célula de nuestro sensible cuerpo, por decir algo. De este modo, al igual que afirmaba Kant, sólo abstrayéndonos de lo cultural, los intereses particulares y todas esas cosas que nos confunden, podemos encontrar un mandato Universal.

Su forma sería: “Actúa de modo que tu acervo genético tenga la mayor probabilidad de perdurar”

Claro, ahora el problema es que el objeto del mandato ya no sería el propio individuo sino todo el acervo genético al cual pertenece. Así, a pesar de que un individuo tenga inclinaciones suicidas quizá está cumpliendo el Imperativo Categórico Evolucionista:

“Eres débil, estás deprimido, tus genes son una mierda. Mejor no te reproduzcas y que tus genes defectuosos desaparezcan contigo. Hay otros cuerpos que comparten tu mismo acervo genético en los que es más prioritario invertir los recursos”.

Hemos llegado a la ley de la Selva -incluyendo el altruismo animal como estrategia de supervivencia-, ya que ésta sería la única ley realmente moral, si es que existe una moral universal. Mejor dicho, una pseudo-moral, porque no se ubicaría únicamente en el individuo. Además, todas las demás leyes están basadas en intereses particulares, ¿verdad?

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